COMO UN GRANO DE MOSTAZA....

Como un granito de mostaza…

 

El Reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza…es ciertamente más pequeño que cualquier otra semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas. Mt 13, 31, 32)

 

Así empezó todo en la obra de acogida a inmigrantes en nuestra Comunidad de Bananova, con la pequeñez del grano de mostaza que cayó y encontró tierra buena en el corazón sencillo y generoso de una hermana de la comunidad: Hermana Encarna. 

¿Quien no conoce en Barcelona a la hermana Encarna? Pobres y ricos propagan su dirección y acuden a ella, a cualquier hora del día, unos en busca de trabajo otros en busca de trabajadores.

¿Cuál es el origen de esta misión? Nos lo cuenta ella misma en la entrevista que le concedió a la Revista “TEMPS DE VUIRE”. A la pregunta ¿Como surgió este proyecto? La Hermana Encarna contestó:

“Pues empezó el ano 1990 y por casualidad. Yo necesitaba una chica para faenas de la casa porque me lo había pedido una señora que yo conocía. Y como en casa de unos vecinos trabajaba un chico peruano que cuidaba a un señor mayor, fui a hablar con el. Cuando se lo expliqué, el chico me dijo en seguida: Ay hermana: pero si yo conozco un montón de chicas”… Y me envío  ¡Veinte! todas me explicaron su historia y me dieron mucha pena, pero, claro, yo solo necesitaba una. Así y todo, fui a preguntar a los vecinos y consulté la bolsa de trabajo de LA VANGUARDIA hasta que coloque a las veinte”. 

 

Quedan lejos aquellos años 90 de los inicios, cuando la hermana Encarna podía atender a las inmigrantes (eran sobre todo mujeres) y seguir realizando las tareas asignadas en la comunidad.

Hoy, 20 anos después, la afluencia de inmigrantes es tal, que dedica prácticamente todo el día a esta MISION con ayuda de algunos colaboradores y por supuesto, con el total apoyo e implicación en la obra, de la comunidad.

Ahora, los inmigrantes no son solo hispanoamericanos, como al principio, sino que llegan de todos los continentes, incluso de Europa del Este. Afortunadamente las ofertas de trabajo no faltan. Se distribuye igualmente ropa, que vamos a buscar a las “Caritas” de dos parroquias vecinas, y alimentos, que llegan regularmente del Banco de alimentos y de la Cruz Roja.

Durante el curso escolar, se imparten cursillos de geriatría gratuitos, los cuales les permiten obtener un certificado que les abre muchas puertas a la hora de buscar trabajo en residencias geriátricas o en casas particulares.

 

Pero lo que nunca se podrá medir ni contar, en esta misión, son las horas de escucha… los consejos… las semillas de Evangelio que va sembrando la hermana Encarna, día tras día, con sus palabras y, sobre todo, con el testimonio de su entrega. La comunidad se enriquece también con sus experiencias, que ella comparte con naturalidad; esto nos ayuda a todas a implicarnos más, a sentir cada vez más la obra, como misión de todas y a hacernos más sensibles a la situación de tanta gente que llama cada día a nuestras puertas a impulsos de la necesidad de procurar a su familia unos medios de vida que les permitan vivir con dignidad. Cuántos dramas y hasta tragedias se esconden tras cada rostro, negro, blanco o moreno que cada día llega a nuestra casa!

 

Nuestra Buena Madre Emilie nos dice: “Irán a donde las llame la voz del pobre”. Hoy nos diría también: “Escucharán todo lo que les diga la voz del pobre, del agobiado bajo el peso del sufrimiento y de la inseguridad, del que ha tenido que dejar familia, patria, costumbres, cultura, lengua tal vez… en busca de una vida mejor.

Varios medios de comunicación (prensa, radio, televisión) se han hecho eco del trabajo de acogida y ayuda que realiza nuestra hermana a favor de los “SIN PAPELES” .

Gracias a este primer trabajo, muchos, con el tiempo, consiguen regularizar su situación y pueden traer a sus hijos.

 

A la pregunta de una periodista “no es muy pesado hacer esto cada día?” la hermana Encarna respondió:

         El hecho de ayudar a toda esta gente para que puedan alimentar a sus hijos me proporciona muchas satisfacciones. Yo hago este trabajo porque se que Cristo quiere que ayudemos a los demás. Estoy muy contenta de dedicarme a esta obra, que me permite hacer el bien.”

 

Y al insistir la periodista: “Ha pensado alguna vez en la jubilación?” le dice: “No, qué va! Trabajaré mientras pueda y Dios me dé salud. Con la ayuda de la congregación y de las personas voluntarias, seguiré hasta que no pueda más.”

 

Digna respuesta de una hija de Emilie. La comunidad entera hace suyos estos sentimientos  y deseos, esperando el día en que Jesús, el Señor, abriéndonos sus brazos, nos diga: “Venid, benditas de mi Padre, porque era forastero y me acogisteis” (Mt. 25, 35)

 

Mientras llega ese día, seguiremos con el trabajo, o la ofrenda silenciosa y la oración, haciendo realidad el deseo de nuestra Madre fundadora. “Estarán dispuestas a sacrificar descanso, fuerzas, salud y hasta la vida misma, si fuera menester, cuando el bien de una alma (una persona) lo exija” para que al granito de mostaza caído en el surco de esta historia le sigan creciendo ramas para mayor GLORIA DE DIOS Y BIEN DE ESTOS NUESTROS HERMANOS TAN NECESITADOS.

 

 

María del Carmen MANJON - Bonanova


29/12/2009
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